Las Sectas Pseudo-Ambientales

Por Ing. Mario Osvaldo Capello, diputado Nacional m.c.
miércoles 11 de febrero de 2026 | 0:00hs.

Una secta tiene variadas características, no todas son iguales en el objetivo que se trazan, sí en muchas de las características que las identifican. A las que vamos a referir es a aquella que sube a un altar para adorar y poder servir a un supuesto “dios Ambiental”.

Comparten el uso de técnicas de persuasión coercitiva instalando miedos como método de influencia social y cuentan con líderes en una jerarquía piramidal, que son los únicos que toman decisiones.

Muestran intolerancia, discriminación u odio que surge de dar importancia a las diferencias percibidas con otros grupos sociales, políticos o religiosos, o entre las subdivisiones, como muestran diferentes manifestaciones de una misma religión o las facciones de un movimiento político.

Dicho esto me referiré a un claro ejemplo Sectario organizado por Greenpeace en nuestro país, organización que se jacta de lo que proclama como propio: “Haber logrado en Argentina la Sanción de una ley de glaciares que no existe en ningún otro país del mundo”.

Vale detenernos aquí brevemente. Que esa ley se haya sancionado también nos interpela a nosotros mismos. La maestra de grado Marta Maffei, devenida en experta en glaciares y asuntos de la geocriósfera, presentó como propia la disparatada idea de Greenpeace en la Cámara de Diputados de la Nación y el sociólogo Daniel Filmus fue su portavoz en el Senado.  

Ambos seguramente y la inmensa mayoría de los legisladores nacionales que declaraban con orgullo el apoyo al proyecto de Greenpeace no tenían la más pálida idea de lo que estaban por votar. Decretaban por ley la significancia hídrica del ambiente periglacial, cuestión tan absurda como haber pretendido por una disposición legal similar, que el COVID 19 se detuviera y no entrara en nuestros límites territoriales.

Así de falaces son varias de las afirmaciones escritas en la ley 26.639. De todos modos no se necesita ser un experto para poder comprender que el agua que usamos gracias al Río Paraná, que descarga 13.000 metros cúbicos de agua dulce por segundo en el Río de la Plata, no proviene de los glaciares y el ambiente periglacial de Brasil; sino de lo que nos enseñaban en la escuela primaria: El ciclo del agua.

El servicio de justicia y paz de la iglesia católica, ahora definido como organización social y de derechos humanos de inspiración cristiano-ecuménica, auto percibidos como luchadores durante la dictadura, y hoy por la protección de sectores vulnerables, se tomó tan a pecho este último párrafo, que tratan con su posición impedir que los pobres dejen de ser pobres. Ese es su real propósito, la ciencia es dejada de lado y la solidaridad humana también.

Es oportuno que políticos e integrantes de sectas pseudo-ambientales analicen si los conceptos de Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis no los incluyen, cuando ambos redefinieron que es la maldad humana: “El mal no se limita a la guerra o a las circunstancias en las que las personas actúan bajo presión extrema. Hoy el mal se revela con más frecuencia en la cotidiana insensibilidad al sufrimiento de los demás, en la incapacidad o el rechazo para comprenderlos y en el eventual desplazamiento de la propia mirada ética. El mal y la ceguera moral acechan en lo que concebimos como normalidad y en la trivialidad y banalidad de la vida cotidiana, y no sólo en los casos anormales o excepcionales”